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domingo, 5 de junio de 2016

El hombre del faro

A la pequeña casa de madera que hay junto al puerto había llegado un hombre entrado en años. O al menos eso parecía por las canas y las arrugas que marcaban su rostro. Mientras era de día, el hombre no salía de la pequeña casa. Al caer la noche, abría la puerta, se sentaba en una roca y miraba hacia el faro que hay en la ladera, justo detrás del puerto.

Una de las noches, me quedé pescando cerca de la casa, buscando saber algo de él. Mientras observaba el mar en calma, escuché los sollozos de aquel hombre. Me acerqué en silencio, pero él no me miraba. Me senté a su lado, y en sus ojos solo veía reflejada la luz verde del faro. El hombre no quería darse cuenta de que estaba a su lado o quizá lo ignoraba.

La noche siguiente, volví a sentarme junto a él y le pregunté por cómo estaba. Pero el hombre parecía no escuchar ni una sola palabra. Así pasaron cada vez más y más noches, y él seguía sin contestar.

Tantas noches pasaron, que llegó el frío y ya no tenía sentido pasar las noches pescando. Así que decidí encender una hoguera junto a la pequeña casa. El hombre salió al esfumarse el último rayo de sol, y, en vez de sentarse como lo hacia siempre, vino hacia mí.

-¿Por qué enciendes una hoguera y rompes la oscuridad?- me dijo.

Yo le contesté que solo quería llamar su atención, que desde que lo había visto por primera vez, no dejaba de preguntarme por qué. El hombre me dijo que estaba esperando algo. 

-¿Qué es lo que espera? - me atreví a preguntar

- Cada noche, los barcos buscan en la oscuridad una luz que los guíe para no chocar, para mantenerse a flote. Los barcos están seguros en el puerto pero no están hechos para eso. Hace años que en mi vida perdí la luz que me guiaba, que me mantenía a salvo de la oscuridad. Mientras, el mar me ha prestado este faro para esperar. - dijo el hombre

Mi cabeza no paraba de llenarse de preguntas sin respuesta. Me acerqué al hombre e insistí con más preguntas.

- Ella amó a otro hombre. No hay ninguna razón para luchar. Ahora déjame esperar - dijo terminando la conversación.

Faro de Favàritx (Menorca)
Pasaron varios inviernos y unos cuántos más veranos y el hombre repetía una y otra vez su ritual. Yo ya me había mudado a la ciudad, así que solo lo veía en la temporada estival. La primera noche de uno de mis regresos decidí salir a pescar. Cuando empezó a ponerse el sol, no dejaba de mirar hacia la pequeña casa esperando una señal. Se hizo de noche, pero el hombre no salió. Fui hasta la puerta y la aporreé. Pero no hubo respuesta. Dentro no había nadie.

Se me ocurrió la idea de ir hasta el faro, el único lugar donde iría el hombre. Tuve que recorrer todo el pueblo, atravesar el puerto y llegué hasta el faro. Nunca me había dado cuenta de lo grande que era. Al lado, había una casa muy humilde que parecía ser del encargado de mantenimiento del faro. Decidido, llamé a la puerta. Una mujer de pelo canoso me abrió con una sonrisa.

- ¡Hola! Estaba buscando un hombre. Mmm... no sé como se llama. Pero sé que si no está en casa, vendría aquí.

- Espera un momento - dijo la mujer sonriendo.

Era él. El hombre que esperaba. Estaba aún más canoso y más arrugado pero, por primera vez, me sonreía.

- ¿Ella no amó a otro hombre? - le pregunté.

- Ella no pudo amarlo más que a mí.

Inspirado en el poema "Ella amará a otro hombre" de José Ángel Buesa

viernes, 25 de julio de 2014

Aunque sea una locura

Un par de bares, unas cervezas y te hago memoria,
aunque tú seas la protagonista de esta historia.
Me decías que querías estar sola,
mientras pedías a gritos momentos conmigo a solas.

Lo supe desde que bailaste conmigo dudando,
y tu cuerpo temblaba al verme llegando.
Lo supe desde que me prohibías perderme en tu mirada
y el amanecer me sabía a invierno.

Son tus ojos verdes los que me han llevado a la locura,
aunque tú sigas tan ciega de verlos marrones.
Es tu sonrisa por la que aún guardo algo de cordura,
y es que pienso en ella si estoy a oscuras.

Juro que después de esta batalla daré por terminada la guerra.
Tú conmigo y mandamos el mundo a la mierda.

viernes, 20 de junio de 2014

A todo color

De tu llamada al taxi,
del taxi a tu puerta,
y tras la puerta, tu boca.

Pintemos la habitación,
ocultando el blanco,
y llenándola de color.

Si me dejas la pintura, 
yo traigo el pincel,
y hagamos juntos,
promesas en la pared.

Tu nombre y el mío,
tus labios amenazando,
mi boca deseando.

Tus manos me desnudan,
me robas el pincel,
y ahora mi torso es pared.

Tu vestido es muy feo,
estarías mejor sin él,
y te lo arranco de la piel.

Los dos desnudos,
pintándonos el cuerpo,
fundiéndonos,
como el pintor y su lienzo.


jueves, 9 de enero de 2014

Sábanas desordenadas

Si será el aroma del café recién hecho
o el desorden de las sábanas al levantarse.
Si será la lluvia golpeando el cristal
o un rayo de sol atravesando las cortinas.

No sé cuándo, cómo, ni con quién,
pero durante un instante pensarás en mi.

Si será la canción que te cantaba
o la película en la que te quedaste dormida.
Si será el primer beso que no (me) beses
o la primera maleta que hagas sin mi.

Y si en ese instante una sonrisa ilumina tu cara,
será que sabes que estoy pensando en ti.


lunes, 23 de diciembre de 2013

Los charcos en tu mirada

Una tarde de invierno, una tarde de frío, me encontré con una mirada.
Ni siquiera la lluvia podía impedir que esos ojos se encontraran con los míos

Y cuando lo hicieron, no solo los charcos grabaron tu mirada,
también mi cabeza me proyecta una y otra vez tus ojos,
como cuando miras fijamente una luz y después permanece en la pupila.

Estaba anocheciendo, y las farolas a tu paso se encendieron,
al igual que pasan las olas cada vez que intentan olvidarse del mar,
al igual que pasan las hojas cuando una ráfaga de viento las hace volar.

Fue una mirada fugaz, pero en esa fugacidad el tiempo se detuvo.
Fue como esa sensación de volver a casa,
donde la chimenea te espera para devorar el frío.